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12) El duodécimo Gran Maestre: Gilbert Erail (1196-1201).
Este Gran Maestre toma así el valor del Arcano Mayor XII del Tarot: el Ahorcado.
Este Arcano indica una limitación, pruebas de renunciamiento impuestas por el destino. Así, Gilbert Erail estuvo muy limitado en su magisterio y tuvo que sufrio numerosos reproches del Papa.
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13) El decimotercer Gran Maestre: Philippe du Plessiez (1201-1209).
Este Gran Maestre toma el valor del Arcano Mayor XIII del Tarot: la Muerte.
La Muerte es un Arcano muy importante pues muestra un estado por el que hay que pasar imperativamente para llegar a convertirse en «elegido», en la vía iniciática. Lo que es válido para un individuo, lo es también para una Orden. Así, es a partir de ese momento cuando las fuerzas negativas se volcaron sobre la Orden.
De todo eso, Philippe du Plessiez, en absoluto iniciado en el Círculo Interno, no sabía nada. Fue en este periodo cuando el Temple comenzó su ocaso que terminó con el triste fin del vigésimo segundo y último Gran Maestre.
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14) El decimocuarto Gran Maestre: Guillaume de Chartres (1209-1219).
Este Gran Maestre toma así el valor del Arcano Mayor XIV del Tarot: la Temperanza.
Desde cualquier punto de vista, este Gran Maestre hizo gala de una gran temperanza o templanza y sus diez años de gobierno no dejaron grandes recuerdos.
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15) El decimoquinto Gran Maestre: Fierre de Montaigu (1219-1233).
Este Gran Maestre toma, pues, el valor del Arcano Mayor XV del Tarot: el Diablo.
Este Arcano es también muy importante en la vía iniciática, sea esta personal o colectiva, como es el caso en la Orden del Temple. Es entonces cuando las fuerzas de las tinieblas se muestran en todo su poder.
Pierre de Montaigu tuvo que ver con Federico II de Hohenstauffen, el Emperador que fue excomulgado a causa de su marcha por Roma con sus brujos, magos y astrólogos. Se proclamó Dueño del Mundo y causó numerosos problemas a los Templarios. Fue incluso calificado de Anticristo. Seguramente era impulsado por el Diablo. En aquella época, las fuerzas negativas se incrustaron en el Temple, con miras a su destrucción.
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16) El decimosexto Gran Maestre: Armand de Perigord (1233-1247).
Este Gran Maestre toma, pues, el valor del Arcano Mayor XVI del Tarot: la Torre.
Tras el diablo y sus huestes, la Orden del Temple estaba ya inexorablemente encaminada a su destrucción, lo que comprendieron perfectamente los Hermanos y Hermanas del Temple Oculto, que desde entonces se esforzaron en salvar la herencia espiritual para que fuera transmitida cuando llegase el tiempo apropiado.
Armand de Perigord trató de luchar, pero no pudo vencer y tuvo que asistir al deterioro de su Orden. Murió en combate, de acuerdo con el Arcano XVI.
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17) El decimoséptimo Gran Maestre: Guillaume de Sonnac (1247-1250).
Este Gran Maestre toma el valor del Arcano Mayor XVII del Tarot: la Estrella.
Guillaume de Sonnac fue un gran iniciado y miembro del Temple Oculto. Su Magisterio no duro más que tres años, pero fueron tres años muy importantes para la supervivencia oculta de la orden. Tuvo numerosos contactos con ciertos cenáculos secretos, sufís y hebreos, e hizo llegar, según la tradición, la copa del Santo Grial al rey de Inglaterra, hacia Escocia.
Es la copa con la que José de Arimatea había recogido la sangre de Cristo en la Cruz en el monte Góigota.
Además se hizo todo lo necesario para que los manuscritos secretos del Temple fueran situados en lugares seguros, bajo la vigilancia de terribles guardianes psíquicos.
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18) El decimoctavo Gran Maestre: Renaud de Vichyet (1250-1256).
Este Gran Maestre toma así el valor del XVIII Arcano Mayor del Tarot: la Luna.
El trabajo de destrucción solapada iniciado por las fuerzas negativas con los Arcanos XIII y sobre todo XV y XVI, continuó con el Arcano XVIII. Esto se explica por el hecho de que pese a su valentía y a su inteligencia, Renaud de Vichyet no era un iniciado del Temple Oculto. (Muy pocos Grandes Maestres lo fueron).
Tuvo, además, que pagar una gran suma para liberar a Luís IX (San Luís), de manos de los sarracenos. Esta vez la suerte estaba ya echada, las fuerzas negativas tomaron las riendas de la Orden, cuyo fin no había ya forma de evitar.
Los cuatro Grandes Maestres siguientes no pudieron, pese a su valentía, hacer nada. Ninguno de ellos era iniciado del Temple Oculto.
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19) El decimonoveno Gran Maestre: Thomas Berault (1256-1273).
Este Gran Maestre toma el valor del Arcano Mayor XIX del Tarot: el Sol.
En la vía iniciática, llegar a este Arcano produce la iluminación cósmica. Esta iluminación puede ser, según la tradición, la del sol brillante, o la del sol negro. En este caso, fue el sol negro quien reino con el infortunado Thomas Berault. Este Gran Maestre, valiente además, no pudo hacer nada. Bajo su gobierno, todas las posesiones cristianas de Oriente Medio fueron cayendo una tras otra, salvo la plaza de San Juan de Acre. Además Thomas Berault fue obligado a rechazar a Cristo a fin de ser liberado, lo que demuestra bien la acción del sol negro.
Es a partir de este momento cuando en algunas encomiendas se empezó a incluir la renuncia a Cristo en las ceremonias de recepción, desnaturalizando así la espléndida belleza del ritual.
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20) El vigésimo Gran Maestre: Guillaume de Beaujeu (1273-1291).
Este Gran Maestre toma, así, el valor del Arcano Mayor XX del Tarot: el Juicio.
Guillaume de Beaujeu fue el último de los pocos Grandes Maestres iniciados en el Temple Oculto. Mantuvo contactos de hermandad con los iniciados sarracenos.
Hizo lo que pudo para tratar de levantar la Orden, pero la labor era demasiado ardua y resultó muerto en combate.
El juicio había llegado, las pruebas no iban a tardar, para terminar con la sentencia y el trágico fin de la orden.
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21) El vigésimo primer Gran Maestre: Thibaut Godin.
Este Gran Maestre toma así el valor del Arcano Mayor XXI del Tarot: el Mundo.
Este Arcano, a veces llamado «La Corona del Mago», es la apoteosis de la iniciación, el final de la vía. Si el juicio es negativo, entonces este Arcano no da la apoteosis sino que se repliega a la espera del Arcano XXII o 0.
Es lo que pasó con este vigésimo primer Gran Maestre, poco activo, que se replegó en la isla de Chipre, una vez que todas las posesiones en Oriente Medio habían sido perdidas. Ya entonces la Orden estaba destinada a su desaparición.
La expansión no podía ser reiniciada ya. Se produjo, si podemos así decirlo, un jaque al rey. Para que la Orden fuese totalmente destruida había que dejar que el soberano se moviese un poco, para poder hacer Mate. Es lo que ocurrió con el vigésimo segundo Gran Maestre, condenado de antemano, ya que se corresponde con el Arcano XXII o O El Loco.
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22) El vigésimo segundo Gran Maestre, Jacques de Molay (1298-1314).
Este Gran Maestre toma así el valor del Arcano Mayor XXII (o 0), del Tarot: el Loco.
Este Gran Maestre fue decidido y valiente, pero testarudo, de acuerdo al Arcano con el que se relaciona. Solo, a la cabeza de su Orden, sin ningún apoyo, partió a la reconquista de las tierras de Oriente Medio. Consiguió, de una manera extraordinaria, reconquistar Jerusalén en 1298, que volvió a caer en manos de los sarracenos en 1300. El Gran Maestre luchó todavía hasta 1303 para volver a Chipre. Solo y vencido, debió sufrir el injusto juicio tan conocido y sobre el que nos extenderemos ampliamente en el siguiente capítulo.
Terminó la hoguera, en París, junto al alto dignatario Geofiroy-de-Charnay, bajo la mirada del malvado rey Felipe IV, erróneamente apodado el Hermoso, ya que fue un tirano horrible e infame.
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